El caso del desfiladero de Coulter

El caso del desfiladero de  Coulter
Ambrose Bierce

No parecía que pudiera hablar en serio: aquél, verdaderamente, no parecía un lugar donde a ningún artillero, por valiente que fuera, le gustase colocar un cañón. El coronel pensó que posiblemente su jefe de división quería darle a entender, en tono de broma, que en una reciente conversación entre ellos se había exaltado demasiado el valor del capitán Coulter…

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El Amo de Moxon

El Amo de Moxon
Abrose Bierce

–¿Lo dice en serio? ¿De veras cree que una máquina puede pensar?
La respuesta tardó en llegar. Moxon había concentrado su mirada en los fantásticos dibujos que proyectaban las llamas del hogar.
Ya hacía unos días que yo observaba en él una tendencia creciente a postergar la respuesta a la más anodina de las preguntas. Y no obstante, tenía un aspecto preocupado, más que de meditación; era como “si su cerebro sólo pudiera estar ocupado en una sola cosa”

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Diccionario del Diablo

Diccionario del Diablo
Ambrose Bierce

La posteridad ha descuidado a este clásico de las letras norteamericanas que, en su tiempo, tuvo más renombre que el mismo Poe. Hoy, después de muchos años de sobria fama en su patria y de un par de imperceptibles tentativas de emigración a Francia, donde fue traducido en 1937 y 1947 sin consecuencias memorables, su gloria reverde…

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Zona temporalmente autónoma

Zona temporalmente autónoma
Hakim Bey

Los piratas y corsarios del siglo XVIII crearon una “;red de información”; que envolvía el globo: primitiva y dedicada primordialmente a los negocios prohibidos, la red funcionaba admirablemente. Repartidas por ella había islas, remotos escondites donde los barcos podían ser aprovisionados y cargados con los frutos del pillaje para satisfacer toda clase de lujos y necesidades. Algunas de estas islas mantenían “;comunidades intencionales”;, completas mini-sociedades que vivían conscientemente fuera de la ley y mostraban determinación a mantenerse así, aunque fuera sólo por una corta -pero alegre- existencia.

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Inmediatismo

Inmediatismo
Radio Sermonettes
Hakim Bey

Puesto que absolutamente nada puede ser predicado con alguna certidumbre real acerca de la “verdadera naturaleza de las cosas”, todos los proyectos (como dice Nietzsche) sólo pueden estar “basados en nada”. Y aun así debe haber un proyecto -…

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Seleccion de escritos de Andres Bello

Selección de escritos
Andres Bello

Es fuerza decir que aunque el señor Chacón, al principio de su artículo primero, se ha propuesto fijar la cuestión (que, a nuestro juicio, bien clara estaba), nos parece más bien haberla sacado de sus quicios. ..

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El Mago de Oz

El Mago de Oz
Lyman Frank Baum

Dorothy vivía en medio de las extensas praderas de Kansas, con su tío Henry, que era granjero, y su tía Em, la esposa de éste. La casa que los albergaba era pequeña, pues la madera necesaria para su construcción debió ser transportada en carretas desde muy ….

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Petrilla

Petrilla
Honore de Balzac

¿Cómo voy, querida niña, a dedicar a usted una historia llena de melancolía? A usted, que es la alegría de una casa; a usted, cuya pelerina blanca o rosa revuela entre los macizos de Wierzchoænia como un fuego fatuo que su padre y su madre siguen con mirada enternecida… ¿No tendré que hablarla de desventuras que una jovencita adorada, como usted lo es, no ha de conocer jamás, porque sus lindas manos podrían en su día consolarlas? Es tan difícil, Ana, encontrar para usted en la historia de nuestras costumbres una aventura digna de ser leída por sus ojos, que el autor no podía elegir; pero tal vez al leer ésta que le envío se dará usted cuenta de lo dichosa que es.
Su viejo amigo,
DE BALZAC

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Eugenia Grandet

Eugenia Grandet
Honore de Balzac

A MARÍA
Siendo el retrato de usted el mejor adorno de ésta
obra, yo deseo que su nombre sea aquí como la rama
de boj bendita que, cogida de cualquier árbol, pero
santificada por la religión y conservada siempre verde
por manos piadosas, sirve para proteger la casa.
DE BALZAC

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La piel de Zapa

La piel de Zapa
Honore de Balzac

Hacia fines del mes de octubre último, entró un joven en el Palacio Real, en
el momento en que se abrían las casas de juego, conforme a la ley que protege una pasión esencialmente imponible. Sin titubear apenas, subió la escalera del garito señalado con el número 36.

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