Archive for mayo, 2009

El Figón de la Reina Patoja

Anatole France
El Figón de la Reina Patoja
(Vida y opiniones del señor abate Jerónimo Coignard)

Me propongo referir los sorprendentes encuentros que tuve en el transcurso de mi vida. Los hay muy amenos y los hay muy extraordinarios. Cuando acuden a mi memoria llego a dudar de si habré soñado. Conocí a un cabalista gascón, de quien no me atrevo a decir que fuera hombre juicioso, porque murió de una manera desastrosa.

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La rebelión de los ángeles

Anatole France
La rebelión de los ángeles

El hotel D’Esparvieu yergue sus tres pisos austeros a la sombra de San Sulpicio, entre un patio verde y musgoso y un jardín de vez en cuando estrechado por las edificaciones cada vez más elevadas y más próximas, en el cual dos añosos castaños alzan aún sus copas marchitas. Allí vivió, desde 1825 a 1857…

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Bodas de Sangre

Federico García Lorca
Bodas de Sangre

MADRE.-Y las escopetas y las pistolas y el cuchillo más pequeño, y hasta las azadas y los bieldos de la era.
NOVIO.-Bueno.
MADRE.-Todo lo que puede cortar el cuerpo de un hombre. Un hombre hermoso, con su flor en la boca, que sale a las viñas o va a sus olivos propios, porque son de él, heredados…
NOVIO.-(Bajando la cabeza) Calle usted.
MADRE.- … y ese hombre no vuelve. O si vuelve es para ponerle una palma encima o un plato de sal gorda para que no se hinche. No sé cómo te atreves a llevar una navaja en tu cuerpo, ni cómo yo dejo a la serpiente dentro del arcón.

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Romancero Gitano

Federico García Lorca
Romancero gitano

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
-Huye, luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
-Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
-Huye, luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
-Niño, déjame; no pises
mi blancor almidonado.

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Las Troyanas

Eurípides
Las Troyanas

Yo, Poseidón, vengo del salado abismo del mar y
desde que Febo yo edificamos las altas torres de
piedra de este campo troyano, he favorecido siempre
esta ciudad, que ahora humea, destruida por el
ejército argivo, quienes fabricaron un caballo preñado
de armas, un corcel bélico, contaminando esta
ciudad de una carga funesta.

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Fabulas de Esopo

Esopo
Fabulas

La Zorra
Animal de la familia de los canes. Afamado como sumamente astuto y sagaz por sus habilidades escapatorias y de cacería. De hocico puntiagudo y con una bella, ancha y peluda cola.  La coloración de su pelaje varía desde el amarillo y el rojo hasta el gris. Por lo general su longitud es superior a un metro. Sus víctimas preferidas son las aves y los animales pequeños, en especial liebres,…

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Cuento de Navidad

Charles Dickens
Cuento de Navidad

Marley estaba muerto; eso para empezar. No cabe la menor duda al respecto. El clérigo, el funcionario, el propietario de la funeraria y el que presidió el duelo habían firmado el acta de su enterramiento. También Scrooge había firmado, y la firma de Scrooge, de reconocida solvencia en el mundo mercantil, tenía valor en cualquier papel donde apareciera. El viejo Morley estaba tan muerto como el clavo de una puerta.

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El Origen de las Especies

Charles Darwin
El origen de las especies

Viajábamos a bordo del Beagle, buque de guerra inglés, en calidad de naturalistas, cuando nos impresionaron mucho ciertos hechos observados en la distribución de los seres orgánicos que habitan América del Sur, y en las relaciones geológicas existentes entre los actuales habitantes de aquel continente y sus antecesores. Estos hechos parecían arrojar luz sobre el origen de las especies.

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Sonatina

Ruben Dario
Sonatina

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso olvidada se desmaya una flor.

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El jardin de los cerezos

Anton Chejov
El Jardin de los cerezos

Lopajin: ¡Gracias a Dios que ha llegado el tren! ¿Qué hora es?
Duniascha: Van a dar las dos (Apagando la vela). Ya hay claridad.
Lopajin: ¿Cuánto retraso ha traído, entonces?… Por lo menos dos horas.
(Bostezando y estirándose). ¡También yo soy bueno!…¡Qué manera
de hacer el tonto!…¡Vengo aquí ex profeso para ir a buscarlos a la
estación, y me duermo! ¡Me duermo sentado!… ¡Qué fastidio!…¡Si a
ti, al menos, se te hubiera ocurrido despertarme!…

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