Archive for agosto, 2009

Jarrapellejos

Felipe Trigo
Jarrapellejos

Desde la majestad de mi independencia de intenso historiador de las costumbres (no siempre grato a todos, por ahora) permítame usted que le dedique este libro a la majestad de sus talentos (no siempre gratos a todos, por ahora) de futuro gobernante.

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Los abismos

Los abismos
Felipe Trigo

Tendido en el diván, envuelto en la caricia blanda del pijama, satisfecho de sus horas de trabajo y con una felicidad en el corazón, que de tanta, de tanta, casi le dolía…, esperaba y perdía el pensamiento

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El médico rural

El médico rural
Felipe Trigo

Partió el tren, negro, largo, con sus dos locomotoras. Esteban y Jacinta, en el andén, al pie de las maletas, le vieron alejarse entre el encinar, con una emoción de adiós a algo doloroso de que habíales arrancado y despedido para siempre.

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En las Tierras del fondo

En las Tierras del fondo
Harry Turtledove

Un doble puñado de turistas descendió del ómnibus, parloteando con excitación. Por debajo de la larga visera de su gorra, Radnal gez Krobir los estudió, comparándolos con los demás grupos que había guiado anteriormente por el Parque Foso.

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Los diarios de Adan y Eva

Mark Twain
Los diarios de Adan y Eva

Lunes.- Esta criatura nueva de pelo largo es bastante entrometida.
Siempre está dando vueltas a mí alrededor, siguiéndome a todas partes. No
me gusta esto; no estoy acostumbrado a la compañía. Ojalá se quedase con
los demás animales… está nublado hoy, hay viento del este; creo nos tocará
lluvia… ¿nos? ¿De dónde saqué esa palabra? Ahora me acuerdo: la criatura
nueva la usa.

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El hombre que corrompio Hadleyburg

Mark Twain
El hombre que corrompio Hadleyburg

Sucedió hace muchos años. Hadleyburg era la ciudad más honrada y austera de toda la región. Había conservado una reputación intachable por espacio de tres generaciones y estaba más orgullosa de esto que de cualquier otro bien.

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Los MacWilliams y el timbre de alarma

Mark Twain
Los MacWilliams y el timbre de alarma

LA CONVERSACIÓN fue pasando lenta, imperceptiblemente del tiempo a las cosechas, de las cosechas a la literatura, de la literatura al chismorreo, del chismorreo a la religión, y por último hizo un quiebro insólito para aterrizar en el tema de los aparatos de alarma contra los ladrones. Fue entonces cuando por vez primera el señor McWilliams demostró cierta emoción.

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Dialogo de las cosas acaecidas en Roma

Alfonso de Valdes
Dialogo de las cosas acaecidas en Roma

Es tan grande la ceguedad en que por la mayor parte está hoy el mundo puesto, que no me maravillo de los falsos juicios que el vulgo hace sobre lo que  nuevamente ha en Roma acaecido,…

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Dialogo de la lengua

Juan de Valdes
Dialogo de la lengua

M. Pues los moços son idos a comer y nos an dexado solos, antes que venga alguno que nos estorve, tornemos a hablar en lo que comencé a deziros esta mañana.
V. No me acuerdo de qué cosa queréis dezir.
M. ¿Cómo no? ¿No os acordáis que os dixe cómo, de aquello en que avíamos
platicado, me era venida a la memoria una honesta curiosidad, en la qual muchos días ha desseo platicar con vos?

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Sonetos

Garcilaso dela Vega
Sonetos

Cuando me paro a contemplar mi estado
y a ver los pasos por dó me ha traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;

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