Archive for the 'Letra M' Category

El condenado por desconfiado

El condenado por desconfiado
Tirso de Molina

(Dichoso albergue mío!
(Soledad apacible y deleitosa,
que al calor y al frío
me dais posada en esta selva umbrosa,
donde el huésped se llama
o verde yerba o pálida retama!
Agora, cuando el alba
cubre las esmeraldas de cristales,
haciendo al sol la salva,..

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Amar por señas

Amar por señas
Tirso de Molina

Echéle las maneotas, [redondillas]
colgué el freno del arzón,
maleta y caparazón,
de la color de tus botas,
5 yacen –parece epitafio–
entre juncia, espliego y grama,
porque te ministren cama;
mas yo debo ser un zafio,
un…

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Don Gil de las calzas verdes

Don Gil de las calzas verdes
Tirso de Molina

Ya que a vista de Madrid
y en su Puente Segoviana
olvidamos, doña Juana,
huertas de Valladolid,
Puerta del Campo, Espolón,
puentes, galeras, Esgueva,
con todo aquello que lleva,
por ser como inquisición
de [la] pinciana nobleza,
10 pues cual brazo de justicia,
desterrando su inmundicia
califica su limpieza;
ya que nos traen tus pesares
a que de esta insigne puente
veas la humilde corriente

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Los sepulcrales

Guy de Maupassant
Los sepulcrales

Estaban acabando de cenar. Eran cinco amigos, ya maduros, todos hombres de mundo y ricos; tres de ellos, casados, y los otros dos solteros. Se reunían así todos los meses, en recuerdo de sus tiempos mozos y, acabada la cena, permanecían conversando hasta las dos de la madrugada

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La mano disecada

Guy de Maupassant
La mano disecada

Un amigo mío, Luis R., tenía reunidos en su casa una noche, hará cosa de ocho meses, a varios camaradas de colegio. Bebíamos ponche y fumábamos, hablando de literatura y pintura y contando de cuando en cuando anécdotas jocosas, como es habitual en reuniones de gente joven. Se abre súbitamente la puerta y entra como un vendaval uno de mis buenos amigos de la infancia:

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Guy de Maupassant

Guy de Maupassant
Biografia

Guy de Maupassant nació en el castillo de Château de Miromesnil el 5 de agosto de 1850 en el seno de una familia noble. A los 12 años, queda bajo la tutela de su madre ante la ruptura del matrimonio de sus padres. Su hermano, Hervé, un hombre inestable en todo sentido, fue velado casi toda la vida por Guy, hasta que es internado en un sanatorio mental, donde finalmente fallece. Guy además se hace cargo de su cuñada y su sobrino.

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Suicidas

Guy de Maupassant
Suicidas

“Anoche, los vecinos de la casa número tal de la calle tal oyeron dos o tres detonaciones y, saliendo a la escalera para saber lo que ocurría, entre todos pudieron comprobar que se habían producido en el cuarto del señor X. Al abrir la puerta de dicho cuarto —después de llamar inútilmente— vieron al inquilino tendido en el suelo, sobre un charco de sangre y empuñando aún el revólver con el cual se había ocasionado la muerte.

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Magnetismo

Guy de Maupassant
Magnetismo

Era al final de una cena de hombres, a la hora de los interminables cigarros y de las incesantes copitas, en medio del humo y el cálido torpor de las digestiones, en el ligero trastorno de las cabezas tras tanta comida y licores absorbidos y mezclados.

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Selección de textos de José Martí

José Martí
Selección de Textos

Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el cielo, que van por el aire dormido engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras.

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Mademoisselle Fifi

Guy de Maupassant
Mademoisselle Fifi

El comandante prusiano, un teniente coronel, el conde de Farlsberg, acababa de leer su correo, hundido en un gran sillón de tapicería y con los pies calzados con, botas apoyados en el mármol de la elegante chimenea, donde las espuelas, a lo largo de los tres meses que él ocupaba el castillo de Uville, habían trazado dos profundos surcos, más pronunciados a cada día que pasaba.

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