Archive for the 'Letra W' Category

El gigante egoista

El gigante egoista
Oscar Wilde

Era un jardín amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de césped verde y suave. Por aquí y por allá, entre la hierba, se abrían flores luminosas como estrellas, y había doce albaricoqueros que durante la Primavera se cubrían con delicadas flores color rosa y nácar, y al llegar el Otoño se cargaban de ricos frutos aterciopelados.

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Ego te absolvo

Ego te absolvo
Oscar Wilde

Bajo sus boinas azules, ennegrecidas por la pólvora y manchadas por el polvo de los caminos, los soldados de Miralles tienen caras de bandidos, con su piel color hollín y sus barbas y cabelleras descuidadas

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La esfinge sin secreto

La esfinge sin secreto
Oscar Wilde

Una tarde, estaba yo sentado en la terraza del Café de la Paix contemplando el esplendor y la miseria de la vida parisiense y maravillándome, mientras tomaba mi vermú, del extraño panorama de orgullo y de pobreza que pasaba ante mí, cuando oí que me llamaban por mi nombre.

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Desarrollo de la idea capitalista

Desarrollo de la idea capitalista
Max Weber

Es un error muy extendido el de pensar que entre las condiciones decisivas para el desarrollo del capitalismo occidental figura el incremento de la población. Frente a esta tesis ha sostenido Marx que cada época económica tiene sus propias leyes demográficas, principio que si bien resulta inexacto, expresado de un modo tan general, no deja de tener su justificación en este caso.

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El niño estrella

El niño estrella
Oscar Wilde

Éranse una vez dos pobres leñadores que regresaban a su casa por un gran pinar. Era invierno y hacía una noche de frío crudísimo. La nieve se extendía espesa sobre la tierra y sobre las ramas de los árboles:

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El Castillo de Otranto

Castillo de Otranto
Horace Walpole

Manfredo, príncipe de Otranto, tenía un hijo y una hija: ésta, una bellísima doncella de dieciocho años, se llamaba Matilda. Conrado, el hijo, tres años menor, era un joven feo, enfermizo y de disposición nada prometedora.

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La Crisis final

La Crisis final
Ellen White

Desde el comienzo, la revista concibió los objetos de que se ocupaba como objetos económico-sociales.

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El abanico de Lady Windermere

El abanico de Lady Windermere
Oscar Wilde

Desde el comienzo, la revista concibió los objetos de que se ocupaba como objetos económico-sociales.

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La objetividad cognitiva de la ciencia social y de la politica social

La objetividad cognitiva de la ciencia social y de la politica social
Max Weber

Desde el comienzo, la revista concibió los objetos de que se ocupaba como objetos económico-sociales.

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El principe feliz

El principe feliz
Oscar Wilde

En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.
Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada.

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