Louisa M. Alcott
Hombrecitos

-Caballero, ¿quiere hacer el favor de decirme si estoy en Plumfield?… -preguntó un muchacho andrajoso, dirigiéndose al señor que había abierto la gran puerta de la casa ante la cual se detuvo el ómnibus que condujo al niño.
-Sí, amiguito; ¿de parte de quién vienes?
-De parte de Laurence. Traigo una carta para la señora.
El caballero hablaba afectuosa y alegremente; el muchacho, más animado, se dispuso a entrar.

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