Guy de Maupassant
Mademoisselle Fifi

El comandante prusiano, un teniente coronel, el conde de Farlsberg, acababa de leer su correo, hundido en un gran sillón de tapicería y con los pies calzados con, botas apoyados en el mármol de la elegante chimenea, donde las espuelas, a lo largo de los tres meses que él ocupaba el castillo de Uville, habían trazado dos profundos surcos, más pronunciados a cada día que pasaba.

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