El Chiton de las Tarabillas
El Chiton de las Tarabillas
Francisco de Quevedo y Villegas
A vuestra merced que tira la piedra y esconde la mano…
El Chiton de las Tarabillas
Francisco de Quevedo y Villegas
A vuestra merced que tira la piedra y esconde la mano…
La Crisis final
Ellen White
Desde el comienzo, la revista concibió los objetos de que se ocupaba como objetos económico-sociales.
Lady Susan
Jane Austen
Ya no puedo seguir privándome del placer de aprovechar la amable invitación que me hiciste al despedirnos la última vez de pasar algunas semanas contigo, en Churchill;
Carta a Bush de Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez
¿Cómo se siente? ¿Cómo se siente ver que el horror estalla en tu patio y no en el living del vecino? ¿Cómo se siente el miedo apretando tu pecho, el pánico que provocan el ruido ensordecedor, las llamas sin control, los edificios que se derrumban, ese terrible olor que se mete hasta…
Galileo Galilei
Cartas
Hace pocos años, como bien sabe vuestra serena alteza, descubrí en los cielos muchas cosas no vistas antes de nuestra edad. La novedad de tales cosas, así como ciertas consecuencias que se seguían de ellas, en contradicción con las nociones físicas comúnmente sostenidas por filósofos académicos, lanzaron contra mí a no pocos profesores, como si yo hubiera puesto estas cosas en el cielo con mis propias manos, para turbar la naturaleza y trastornar las ciencias.
Adam Villiers
El Secreto de la Antigua Musica
Era día de audición en la Academia nacional de Música. En las altas instancias se habla decidido el estudio de una obra de cierto compositor alemán (cuyo nombre, olvidado desde entonces, felizmente se nos escapa); y tal maestro extranjero, si había que creer en diversos memoranda publicados por la Revue de Deux Mondes, ¡era nada menos que el creador de una música «nueva»!
Conde de Lautréamont
Poesías y Cartas
Reemplazo la melancolía por el coraje,
la duda por la certeza, la desesperación
por la esperanza, la maldad
por el bien, las quejas por el deber, el
escepticismo por la fe, los sofismas por
la frialdad de la calma y el orgullo
por la modestia.
Gustavo Adolfo Becquer
Cartas desde mi celda
Heme aquí transportado de la noche a la mañana a mi escondido valle de Veruela; heme aquí instalado de nuevo en el oscuro rincón del cual salí por un momento para tener el gusto de estrecharos la mano una vez más, fumar un cigarro juntos, charlar un poco y recordar las agradables, aunque inquietas horas de mi antigua vida.
Gustavo Adolfo Becquer
Cartas desde mi Celda
Queridos amigos: Heme aquí transportado de la noche a la mañana a mi escondido valle de Veruela; heme aquí instalado de nuevo en el oscuro rincón del cual salí por un momento para tener el gusto de estrecharos la mano una vez más, fumar un cigarro juntos, marchar un poco y recordar las agradables aunque inquietas horas de mi antigua vida.