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Vecinos

Anton Chejov
Vecinos

Piotr Mijáilich Ivashin estaba de muy mal humor: su hermana, una muchacha soltera, se había fugado con Vlásich, que era un hombre casado. Tratando de ahuyentar la profunda depresión que se había apoderado de él y que no le dejaba ni en casa ni en el campo, llamó en su ayuda al sentimiento de justicia, sus honoradas convicciones (¡porque siempre había sido partidario de la libertad en el campo!), pero esto no le sirvió de nada, y cada vez, contra su voluntad, llegaba a la misma conclusión: que la estúpida niñera, es decir, que su hermana había obrado mal y que Vlásich la había raptado.

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Zinochka

Anton Chejov
Zinochka

El grupo de cazadores pasaba la noche sobre
unas brazadas de fresco heno en la isla de un simple
mujik. La luna se asomaba por la ventana, en la calle
se oían los tristes acordes de un acordeón, el heno
despedía un olor empalagoso, un tanto excitante.
Los cazadores hablaban de perros, de mujeres, del
primer amor, de becadas

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Cirugía

Anton Chejov
Cirugía

Estamos en un hospital del zemstvo. A falta de
doctor, que se ausentó para contraer matrimonio,
recibe a los enfermos el practicante Kuriatin. Es un
hombre grueso que ronda los cuarenta; viste una
raída chaqueta de seda cruda y unos usados pantalones
de lana.

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Las tres hermanas

Anton Chejov
Las tres hermanas

En casa de los Prozórov. Salón con columnas; tras las columnas, una gran sala. Mediodía; fuera brilla alegremente el sol. En la sala preparan la mesapara el almuerzo. OLGA, vestida con el uniforme azul de las profesoras de los gimnasios femeninos, de pie y caminando, corrige cuadernos sin cesar; MASHA, vestida de negro, con el sombrero sobre las rodillas, está sentada leyendo un libro; IRINA, vestida de blanco, está de pie, absorta en sus pensamientos.

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La sala numero seis

Anton Chejov
La sala numero seis

En el patio del hospital hay un pequeño pabellón rodeado de un verdadero bosque de cardos, ortigas y cáñamo silvestre. Su techumbre está oxidada,
la chimenea medio caída, los escalones de la entrada se hallan podridos y cubiertos de hierba, y del yeso del enlucido no quedan más que las huellas.
Su fachada da al hospital, y por la parte trasera empieza el campo, del que lo separa una valla gris coronada de clavos.

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Un asesinato

Anton Chejov
Un asesinato

En la estación de Progónnais se estaban celebrando las vísperas. Ante la gran imagen pintada con vivos colores sobre fondo de oro, se agrupaban los empleados de ferrocarriles con sus mujeres e hijos, y también los leñadores y aserradores que trabajaban en las inmediaciones, a lo largo de la línea.

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El jardin de los cerezos

Anton Chejov
El Jardin de los cerezos

Lopajin: ¡Gracias a Dios que ha llegado el tren! ¿Qué hora es?
Duniascha: Van a dar las dos (Apagando la vela). Ya hay claridad.
Lopajin: ¿Cuánto retraso ha traído, entonces?… Por lo menos dos horas.
(Bostezando y estirándose). ¡También yo soy bueno!…¡Qué manera
de hacer el tonto!…¡Vengo aquí ex profeso para ir a buscarlos a la
estación, y me duermo! ¡Me duermo sentado!… ¡Qué fastidio!…¡Si a
ti, al menos, se te hubiera ocurrido despertarme!…

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