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El rincon feliz

Henry James
El rincon feliz

Todo el mundo me pregunta qué «pienso» de todo -dijo Spencer Brydon-; y yo respondo como puedo, eludiendo o desviando la pregunta, quitándome a la gente de encima con cualquier tontería. En realidad a nadie le debería importar…

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El pupilo

Henry James
El pupilo

El pobre joven dudaba, sin acabar de decidirse: le suponía un gran esfuerzo abordar el tema de las condiciones económicas, hablarle de dinero a una persona que sólo hablaba de sentimientos y, podíamos decirlo así, de la aristocracia. Sin embargo, no quería considerar cerrado el compromiso e irse sin que se echara en aquella dirección una mirada más convencional, pues…

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La vida privada

Henry James
La vida privada

Hablábamos de Londres, frente a un gran glaciar primitivo y erizado. La hora y la escena constituían una de esas impresiones que compensaban un poco, en Suiza, de la moderna indignidad de viajar: las promiscuidades y vulgaridades, la estación y el hotel, la paciencia gregaria, la lucha por una pobre atención, la reducción al rango de un número.

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La venganza de Osborn

Henry James
La venganza de Osborn

Philip Osborne y Robert Graham eran amigos íntimos. Este último había ido a pasar el verano en ciertos manantiales medicinales en las afueras de Nueva York, el recurso a los cuales había sido prescrito por su médico. En cambio, Osborne -de profesión abogado y con una clientela

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Los papeles de Aspern

Henry James
Los papeles de Aspern

Había llegado yo a tener confianza con la señora Prest; en realidad, bien poco habría avanzado yo sin ella, pues la idea fructífera, en todo el asunto, cayó de sus amistosos labios. Fue ella quien inventó el atajo, quien cortó el nudo gordiano. No se supone que sea propio de la naturaleza de las mujeres el elevarse, por lo general, al punto de vista más amplio y más liberal, quiero decir, en un proyecto práctico; pero algunas veces me ha impresionado que lancen con singular serenidad una idea atrevida, a la que no se habría  levado ningún hombre. «Sencillamente, pídales que le acepten a usted en plan de huésped.» No creo que yo, sin ayuda, me habría elevado a eso.

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Los amigos de los amigos

Henry James
Los amigos de los amigos

ENCUENTRO, como profetizaste, mucho de interesante, pero poco de utilidad para la cuestión delicada -la posibilidad de publicación-. Los diarios de esta mujer son menos sistemáticos de lo que yo esperaba; no tenía más que la bendita costumbre de anotar y narrar. Resumía, guardaba; parece como si pocas veces dejara pasar  una buena historia sin atraparla al vuelo. Me refiero, claro está, más que a las cosas que oía, a las que veía y sentía. Unas veces escribe sobre sí misma, otras sobre otros, otras sobre la combinación. Lo incluido bajo esta última rúbrica es lo que suele ser más gráfico. Pero, como comprenderás, no siempre lo más gráfico es lo más publicable.

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El Banco de la Desolación

Henry James
El Banco de la Desolación

En su opinión, a lo largo de su última y desagradable charla, ella le había transmitido prácticamente la insinuación, la espantosa, brutal y vulgar amenaza, aunque, a pesar del valor y la confianza que le quedaban -confianza en lo que alegremente él hubiera llamado con un poco más de agresividad la fuerza de su posición-, había juzgado mejor no tomarlo en cuenta. Pero ahora no se trataba de no entender o de fingir que no entendía; las amenazadoras y repulsivas palabras que despiadadamente salían de sus labios, eran como dedos de una mano que ella se metiera en el bolsillo con el fin de extraer el monstruoso objeto que mejor sirviera para -¿cómo podría definirlo?- una declaración de guerra.

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La Bestia en la Jungla

Henry james
La Bestia en la Jungla

Poco importa lo que provocó, en su encuentro, la perturbadora conversación; probablemente sólo fueron unas palabras que él mismo había pronunciado sin intención, pronunciado cuando, tras haberse reconocido, se rezagaron y, juntos, empezaron a caminar lentamente. Hacía una o dos horas que unos amigos le habían acompañado a la casa en que ella se alojaba; el grupo de visitantes de la otra casa, entre los que él se encontraba, había sido invitado a almorzar allí y, según su teoría habitual, ellos eran la causa de que estuviera perdido entre la multitud.

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El sitio de Londres

Henry James
El sitio de Londres

La solemne cortina de terciopelo que constituía el telón de la Comédie Française había caído tras el primer acto de la obra y nuestros dos americanos habían aprovechado el intervalo para salir del enorme y caldeado teatro en compañía del resto de los ocupantes de las butacas. No obstante, fueron de los primeros en volver y dejaron correr el tiempo que les quedaba del entreacto observando la sala que había sido recientemente depurada de sus añejas telarañas y decorada con frescos ilustrativos del drama clásico

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El lugar de nacimiento

Henry James
El lugar de nacimiento

Al principio les pareció la oferta demasiado buena para ser verdad, y la carta de su amigo, enviada, según decía, para explorar el terreno, para sondearles en sus inclinaciones y posibilidades, casi les hizo el efecto de una bonita broma a costa de ellos.

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