Un millar de muertes
Jack London
Un millar de muertes
Había estado en el agua aproximadamente una hora, y el frío y el cansancio, aunados al terrible calambre en el muslo derecho, me hacían pensar que había llegado mi fin.
Jack London
Un millar de muertes
Había estado en el agua aproximadamente una hora, y el frío y el cansancio, aunados al terrible calambre en el muslo derecho, me hacían pensar que había llegado mi fin.
Jack London
La fuerza de los fuertes
El viejo Barba-Larga hizo una pausa en su narración, se lamió los grasientos dedos y se los enjugó en sus desnudos costados, por encima del andrajo de piel de oso que le cubría. Agachados…
Jack London
La peste escarlata
El camino, de borroso trazado, seguía lo que en otro tiempo había sido el terraplén de una vía férrea que, desde hacía muchos años, ningún tren había recorrido. A derecha e izquierda, el bosque, que invadía e hinchaba las laderas del terraplén, envolvía el camino en una ola verde de árboles y matorrales.
Jack London
El pagano
Lo conocí en una tempestad, y aunque la capeamos en la misma goleta, sólo lo vi cuando ésta se hizo pedazos bajo nuestros pies. No cabe duda de que lo había visto con el resto de la tripulación kanaka…
Jack London
Lobo de mar
Apenas sé por dónde empezar; pero a veces, en broma, pongo la causa de todo ello en la cuenta de Charley Furuseth. Este poseía una residencia de verano en Mill Valley, a la sombra del monte Tamalpaís,…
Henry James
Un problema
Septiembre llegaba a su término, y con él la luna de miel de dos jóvenes personas en las cuales celebraré interesar al lector. La habían estirado con un soberano desdén hacia los datos del calendario…
Jack London
Muertes concéntricas
Wade Atsheler ha muerto… ha muerto por mano propia. Decir que esto era inesperado para el reducido grupo de sus amigos, no sería la verdad; sin embargo, ni una vez siquiera, nosotros, sus íntimos, llegamos a concebir esa idea.
Jack London
Un trozo de carne
Con el último fragmento de pan, Tom King limpió su plato de la última partícula de salsa de harina y mascó el bocado resultante, en forma lenta y meditativa. Cuando se levantó de la mesa, lo oprimía la sensación de estar indudablemente hambriento. Y sin embargo, sólo él había comido. Los dos niños de la otra habitación fueron enviados temprano a la cama, para que en el sueño olvidasen que habían quedado sin cenar.
Jack London
El crucero del Snack
Todo empezó en la piscina de Glen Ellen. Entre nuestros chapuzones nos gustaba tumbarnos en la arena y dejar que nuestra piel respirase el aire cálido y se tostase al sol. Roscoe era un navegante. Yo no sabía demasiado acerca del mar pero era inevitable que hablásemos de barcos. Hablábamos de barcos pequeños y de la gran navegabilidad de estas embarcaciones. solíamos comentar el viaje de tres años alrededor del mundo realizado por Joshua Slocum a bordo del Spray.
Jack London
Cara de luna
John Claverhouse era un hombre de cara de luna. Ya conoce el tipo, pómulos muyseparados, barbilla y frente que se confunden con las mejillas para formar el círculo completo, y la nariz, ancha y regordeta, equidistante de la circunferencia, achatada en el centro mismo del rostro, como una bola de pasta en el cielo raso. Tal vez por eso lo odiaba, pues en verdad se había convertido en una ofensa para mis ojos, y creía que su presencia en la tierra era una molestia. Quizá mi madre tuvo supersticiones acerca de la luna, y miró por sobre el hombro equivocado en el momento que no correspondía.