El Rojo
Jack London
El Rojo
¡Allí estaba! Bassett, mientras la controlaba con su reloj, comparó la abrupta liberación de sonido, con la trompeta de un arcángel. Los muros de las ciudades, meditó, bien podíandesmoronarse ante una intimación tan premiante. Por milésima vez trató vanamente deanalizar la cualidad tonal de ese enorme repique que dominaba la tierra hasta mucho másallá de las lazas fuertes de las tribus vecinas.




