En la rueda

Baldomero Lillo
En la rueda

En el fondo del patio, en un espacio descubierto bajo un toldo de durazneros y perales en flor estaba la rueda. Componíase de una valla circular de tres y medio metros de diámetro hecha con duelas de barriles viejos…

Click aquí para descargar o visualizar el libro

El cañadon de oro

Jack London
El cañadon de oro

Era el corazón verde del desfiladero, donde las paredes giraban para apartarse del plano rígido, y atenuaban su severidad de líneas, formando un rinconcito abrigado y llenándolo hasta…

Click aquí para descargar o visualizar el libro

Irredención

Baldomero Lillo
Irredención

Cuando los últimos convidados se despidieron, la princesa, recogiendo la falda de su vestido constelado de estrellas, atravesó los desiertos salones y se encaminó a su alcoba, echando, al pasar, una postrer mirada…

Click aquí para descargar o visualizar el libro

El rapto del sol

Baldomero Lillo
El rapto del sol

Hubo una vez un rey tan poderoso que se enseñoreó de toda la Tierra. Fue el señor del mundo. A un gesto suyo millones de hombres se alzaban dispuestos a derribar las montañas, a torcer el curso de los ríos o exterminar

Click aquí para descargar o visualizar el libro

Las nieves eternas

Baldomero Lillo
Las nieves eternas

Sus recuerdos anteriores eran muy vagos. Blanca plumilla de nieve, revoloteó un día por encima de los enhiestos picachos y los helados ventisqueros, hasta que azotada por una ráfaga quedóse adherida a la arista de una roca, donde el frío horrible la solidificó súbitamente. Allí aprisionada, pasó muchas e interminables horas.

Click aquí para descargar o visualizar el libro

El ahogado

Baldomero Lillo
El ahogado

Sebastián dejó el montón de redes sobre el cual estaba sentado y se acercó al barquichuelo. Una vez junto a él extrajo un remo y lo colocó bajo la proa para facilitar el deslizamiento. En seguida se encaminó a la popa, apoyó en ella su espalda y empujó vigorosamente. Sus pies desnudos se enterraron en la arena húmeda y el botecillo, obedeciendo al impulso, resbaló sobre aquella especie de riel con la ligereza de una pluma.

Click aqui para descargar o visualizar el libro

Vispera de difuntos

Baldomero Lillo
Víspera de difuntos

Por la calleja triste y solitaria pasan ráfagas zumbadoras. El polvo se arremolina y penetra en las habitaciones por los cristales rotos y a través de los tableros de las puertas desvencijadas.
El crepúsculo envuelve con su parda penumbra tejados y muros y un ruido lejano, profundo, llena el espacio entre una y otra racha: es la voz inconfundible del mar.

Click aquí para descargar o visualizar el libro

Tienda y Trastienda

Baldomero Lillo
Tienda y Trastienda

Casi al final de la avenida encontré el número indicado en la hoja impresa que llevaba en el bolsillo. Pasé a la acera de enfrente y examiné la fachada del edificio, en la cual se ostentaba en grandes caracteres en letrero que decía: “El Anzuelo de Plata-Gran tienda y Paquetería-Ventas por mayor y menor”.

Click aquí para descargar o visualizar el libro