Medea
Medea
Euripides
¡Ojalá la nave Argo jamás volado hubiera
allende las Simplégades hacia la tierra colca!
Caer los pinos nunca debieron en los valles
del Pelión para armar con el remo los brazos
de los nobles varones que para Pelias fueron
tras el áureo vellón. Y así mi ama, Medea,
hacia las tierras yolcias no habría navegado
con su corazón loco de amor hacia Jasón
ni, tras de persuadir a las hijas de Pelias
por que al padre mataran, se habría