Los sepulcrales

Guy de Maupassant
Los sepulcrales

Estaban acabando de cenar. Eran cinco amigos, ya maduros, todos hombres de mundo y ricos; tres de ellos, casados, y los otros dos solteros. Se reunían así todos los meses, en recuerdo de sus tiempos mozos y, acabada la cena, permanecían conversando hasta las dos de la madrugada

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La mano disecada

Guy de Maupassant
La mano disecada

Un amigo mío, Luis R., tenía reunidos en su casa una noche, hará cosa de ocho meses, a varios camaradas de colegio. Bebíamos ponche y fumábamos, hablando de literatura y pintura y contando de cuando en cuando anécdotas jocosas, como es habitual en reuniones de gente joven. Se abre súbitamente la puerta y entra como un vendaval uno de mis buenos amigos de la infancia:

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Guy de Maupassant

Guy de Maupassant
Biografia

Guy de Maupassant nació en el castillo de Château de Miromesnil el 5 de agosto de 1850 en el seno de una familia noble. A los 12 años, queda bajo la tutela de su madre ante la ruptura del matrimonio de sus padres. Su hermano, Hervé, un hombre inestable en todo sentido, fue velado casi toda la vida por Guy, hasta que es internado en un sanatorio mental, donde finalmente fallece. Guy además se hace cargo de su cuñada y su sobrino.

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Suicidas

Guy de Maupassant
Suicidas

“Anoche, los vecinos de la casa número tal de la calle tal oyeron dos o tres detonaciones y, saliendo a la escalera para saber lo que ocurría, entre todos pudieron comprobar que se habían producido en el cuarto del señor X. Al abrir la puerta de dicho cuarto —después de llamar inútilmente— vieron al inquilino tendido en el suelo, sobre un charco de sangre y empuñando aún el revólver con el cual se había ocasionado la muerte.

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Magnetismo

Guy de Maupassant
Magnetismo

Era al final de una cena de hombres, a la hora de los interminables cigarros y de las incesantes copitas, en medio del humo y el cálido torpor de las digestiones, en el ligero trastorno de las cabezas tras tanta comida y licores absorbidos y mezclados.

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Mademoisselle Fifi

Guy de Maupassant
Mademoisselle Fifi

El comandante prusiano, un teniente coronel, el conde de Farlsberg, acababa de leer su correo, hundido en un gran sillón de tapicería y con los pies calzados con, botas apoyados en el mármol de la elegante chimenea, donde las espuelas, a lo largo de los tres meses que él ocupaba el castillo de Uville, habían trazado dos profundos surcos, más pronunciados a cada día que pasaba.

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El Miedo

Guy de Maupassant
El Miedo

Volvimos a subir a cubierta después de la cena. Ante nosotros, el Mediterráneo no tenía el más mínimo temblor sobre toda su superficie, a la que una gran luna tranquila daba reflejos. El ancho barco se deslizaba, echando al cielo, que parecía estar sembrado de estrellas, una gran serpiente de humo negro; detrás de nosotros, el agua blanquísima, agitada por el paso rápido del pesado buque, golpeada por la hélice, espumaba, removía tantas claridades que parecía luz de luna burbujeando.
Ahí estábamos, unos seis u ocho, silenciosos, llenos de admiración, la vista vuelta hacia la lejana África, a donde nos dirigíamos. De pronto el  comandante, que fumaba un puro en medio de nosotros, retomó la conversación de la cena.

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El collar

Guy de Maupassant
El  collar

Era una de esas lindas y deliciosas criaturas nacidas como por un error del Destino en una familia de empleados. No tenía dote, ni esperanzas de cambiar de posición; no disponía de ningún medio para ser conocida, comprendida, querida, para encontrar un esposo rico y distinguido; y consintió que la casaran con un modesto empleado del Ministerio de Instrucción Pública.

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Sobre el agua

Guy de Maupassant
Sobre el agua

El verano pasado había alquilado una casita de campo a orillas del Sena, a varias leguas de París, e iba a dormir allí todas las noches. Después de unos días conocí a uno de mis vecinos, un hombre de unos treinta a cuarenta años, que desde luego era el tipo más raro que había visto nunca.

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