POEMAS A LESBIA

Poemas a Lesbia
Cátulo

Llorad, Venus y Cupidos,
y cuantos hombres sensibles hay:
ha muerto el pajarillo de mi amada,
el pajarillo, cosita de mi amada,
a quien ella quería más que a sus ojos;
era dulce como la miel y la conocía
tan bien como una niña a su propia madre.
No se movía de su regazo,
pero saltando a su alrededor, aquí y allá,
a su dueña continuamente piaba.
Este, ahora, va, por un camino tenebroso,
a ese lugar de donde dicen que nadie ha vuelto.
¡Mal rayo os parta, funestas
tinieblas del Orco, que devoráis todo lo bello!:
me habéis quitado tan bello pajarillo.
¡Oh mala ventura! Pues, ahora, por tu culpa,
desdichado pajarillo, hinchados por el llanto,
enrojecen los ojillos de mi amada.

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MISAS HEREJES

Misas Herejes
Evaristo Carriego

Con el más reposado y humilde
continente,
de contrición sincera; suave, discretamente,
por no incurrir en burlas de ingeniosos
normales,
sin risueños enojos ni actitudes teatrales
de cómico rebelde, que, cenando en
comparsa,
ensaya el llanto trágico que llorará en la
farsa,
dedico estos sermones, porque sí, porque
quiero,
al Único, al Supremo famoso Caballero,
a quien pido que siempre me tenga de su
mano,
al santo de los santos Don Alonso Quijano
que ahora está en la Gloria, y a la diestra

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El libro del buen amor

El libro del buen amor
Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

Este libro de tan alto y significativo nombre -Libro de Buen Amor- fue compuesto en aquel lugar lamentable «donde toda incomodidad tiene su asiento, y donde todo triste ruido hace su habitación». Dígase claro que su autor estaba preso cuando le escribió…

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Cantigas de Santa María

Cántigas de Santa María
Alfonso X El Sabio

Des oge mais quer’ eu trobar
pola Sennor onrrada,
en que Deus quis carne fillar
beyta e sagrada,
por nos dar gran soldada
no seu reyno e nos erdar
por seus de sa masnada
de vida perlongada,
sen avermos pois a passar
per mort’ outra vegada.

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Prometeo

Prometeo
Olegario Andrade

Sobre negros corceles de granito
a cuyo paso ensordeció la tierra,
hollando montes, revolviendo mares,
al viento el rojo pabellón de guerra
teñido con la luz de cien volcanes,
fueron en horas de soberbia loca,
a escalar el Olimpo los Titanes.

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Seleccion de Poemas de Quevedo

Seleccion de Poemas de Quevedo
Francisco de Quevedo y Villegas

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;
era un reloj de sol mal encarado,
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

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Odas de Stesicoro

Odas de Stesicoro
Stesicoro

El Sol, de Hiperión hijo famoso,
Hacia el vaso dorado
Con presuroso curso descendía;
Cuando por el undoso
Océano pasando acelerado
A las moradas de la noche fría
La virginal esposa a ver volvía,
Con ella juntamente
A los hijos, que amaba tiernamente.

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Carminum

Carminum
Horacio

Que la poderosa diosa de Chipre
y los hermanos de Helena, lucientes astros,
y el padre de los vientos te guíen,
y sople el Yápige favorable,
oh nave que me debes a Virgilio, a ti confiado.

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Poesias de Victor Hugo

Poesías de Victor Hugo
Víctor Hugo

Era clara la luna y jugaba en el agua.
La ventana ya libre está abierta a la brisa,
la sultana se asoma y a lo lejos el mar
al romper borda en plata los islotes negruzcos.

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La Araucana

La Araucana
Alonso de Ercilla y Zuñiga

No las damas, amor, no gentilezas
de caballeros canto enamorados,
ni las muestras, regalos y ternezas
de amorosos efectos y cuidados;
mas el valor, los hechos, las proezas
de aquellos españoles esforzados,
que a la cerviz de Arauco no domada
pusieron duro yugo por la espada.

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